Empiezo a sospechar que, vista desde fuera, Deriva Cultural puede parecer una revista especializada en necrológicas. Festivales que ya no existen. Cineastas que ya no están. Proyectos que murieron en silencio, sin comunicado oficial y sin segunda oportunidad. No es exactamente una estrategia editorial. Es más bien una coincidencia un poco lúgubre.

De momento he escrito sobre muertos.
Sobre muertos importantes, eso sí. Pero muertos al fin y al cabo. Y aunque la memoria es necesaria —y escribir sobre lo que desaparece también es una forma de cuidado— conviene decirlo claramente: no pienso quedarme solo ahí.
La cultura independiente tiene esa tendencia extraña a desaparecer sin hacer ruido. A veces porque se queda sin dinero. A veces porque se queda sin fuerzas. A veces porque depende demasiado de una sola persona. Y a veces porque nadie la mira lo suficiente mientras está viva. De eso va, en parte, este proyecto.
Pero —respirad— también me interesan los vivos.
Si estás haciendo cine independiente ahora mismo, si ruedas con presupuestos ridículos, con equipos mínimos y con una mezcla constante de entusiasmo y cansancio; si organizas un festival pequeño, una muestra imposible, un ciclo que solo existe porque alguien insiste; si programas cine en espacios prestados, en centros sociales, en salas que no salen en los mapas oficiales; si editas, produces o acompañas películas que no encajan en el circuito comercial, esto también es para ti.
No busco historias de éxito. No me interesa el relato épico del “todo fue muy duro pero ahora estamos en Cannes”. Me interesa el presente imperfecto. El trabajo que se sostiene a base de convicción, de contradicciones y de muchas dudas. El cine que existe porque alguien no ha sabido —o no ha querido— hacer otra cosa.
Así que sí: escríbeme.
Cuéntame qué haces, dónde, con quién y por qué. No prometo visibilidad inmediata ni titulares ruidosos. Prometo algo bastante menos espectacular: mirar con atención, escribir con tiempo y dar seguimiento, si tiene sentido hacerlo.
Deriva Cultural no quiere ser un mausoleo, aunque de momento lo parezca. Quiere ser un espacio donde convivan memoria y presente, donde se recuerde lo que se perdió, pero también se acompañe lo que sigue en marcha, incluso cuando no está claro hacia dónde va.
Seguiré escribiendo sobre muertos, seguramente.
Pero agradecería no hacerlo en exclusiva.
Las vivas y los vivos, por favor: dad señales de vida.


Deja una respuesta